por Ignacio Zara
En Valladolid, casi en el corazón de la ciudad se encuentra este romántico parque que data de finales del siglo XIX.
Es bello y misterioso, como la ciudad en donde existe. Lo pasee en invierno y nevaba, era blanco y sus fuentes estaban congeladas, ya no había agua sino témpanos de hielo: "chupetes" dicen los de allí. Lo pasee también en otoño, entre nieblas, y sentí el aire misterioso de un Londres español donde Zorrilla percibió a Don Juan... siempre se oyen las campanas de las iglesias, siempre te acompaña alguno de los pavos reales que se pasean libremente por el Paseo del Príncipe, el que divide al parque en dos. La "Fuente de la Fama" me dio suerte en primavera, también la "Fuente del Cisne"... me gusta el ruido del agua al chocar en la piedra, me gustan los cantos claros de los pájaros (dicen las guías que el parque alberga más de treinta especies diferentes de aves) y me gustan los árboles meciéndose en el viento decimonónico que crea... ¿quién? Fue en verano cuando obtuve la respuesta, junto a unos amigos cuyos nombres ya olvidé. Era tarde, casi la medianoche, y paseábamos para refrescarnos, el día había sido caluroso: estas viejas ciudades castellanas son extremas, demasiado frías en invierno, demasiado calientes ¿quién?
-¿Quién son? -me dijeron.
-¿Perdón?
-Sí, esos pájaros que vuelan tan bajo.
-Murciélagos -respondí-, ¿es que no habéis visto nunca un murciélago?
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Si os gusta el vampirismo, leed todo el número 8 de Yareah magazine dedicado a este tema:
http://www.yareah.com/magazine/index.php/issue-8-numero-8/92-8-literature-literatura

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